¡Hay
solución para todo, menos para la muerte! Dice aquella vieja frase. ¿Hay
solución para el cáncer? ¿Hay solución para aquel camino que conduce
irremediablemente a la muerte? Pues no la hay.
Médicos,
amigos, familiares, vecinos, compañeros dicen: si te atiendes a tiempo, lo
vences ¡ten fe! ¿Es eso cierto? ¿Por qué la muerte nos arranca de los brazos a
nuestros seres queridos? Si tenemos fe, si creemos que Dios los salvará, si
rezamos sin parar.
Arly,
siempre escuchó que el cáncer era un carma, que te hacia sufrir mucho, pero
nunca antes había sentido tan de cerca como esa enfermedad borra poco a poco la
sonrisa de una familia y dibuja en ella la tristeza y el llanto.
Rosenda
Moreno, de 89 años, era la única abuela viva que tenía Arly. Rosenda o Lushi,
como la llamaban de cariño, vivía en Ancash. Nunca antes aceptó venir a Lima,
era feliz junto a sus animales, su chacra, su cielo azul, puro sin manchas
oscuras como el de Lima.
Rosenda
aceptó viajar por única vez a Lima, con la idea de sanarse. “Quiero mascar mi
cancha, comer mi cholo” decía, pues no podía pasar ningún alimento, todo lo
expulsaba. Antes de subir al bus, revisó cada parte de su casa, palmo a palmo
como si fuera a verlos por última vez.
Una
vez en Lima, miraba extasiada las calles, las casas, las pista como cual niño
dando sus primeros pasos y descubriendo el maravilloso mundo que se rendía a
sus pies. A pesar de la admiración, siempre repetía “nada es como mi casa, en
Julio voy a regresar”.
Una
vez hospitalizada, le diagnostican cáncer de Esófago. Una noticia que
conmocionó a todos los familiares, pues lo que el médico continuó diciendo fue
mucho más desgarrador: “el esófago se le cerrará, producto de tumor agresivo y
no podrá pasar ningún tipo de alimento por la boca”
Arly
se quedó casi petrificada, para ella fue algo muy duro. “¿Cómo alguien puede
morir de hambre?” Era una enfermedad
nueva, nunca antes había imaginado que existiera algo así, “Un monstruo”
repetía.
Rosenda
nunca supo la enfermedad que la que aquejaba, nadie tuvo el valor de
contárselo. Conforme avanzaban los días se fue deteriorando, tal como dijo el médico.
Pero lo inquietante y mortificante para su nieta Arly, aquella que fue la única
de sus 20 nietos que estuvo durante sus últimos meses, era que aquella
viejecita quechua hablante que sacaba más de una carcajada con sus ocurrencias, estaba completamente lúcida,
era consiente de todo el sufrimiento, dolor y hambre.
Pasó
casi un mes sin probar alimento, no podía pasar ni agua.” Es completamente
inhumano, es la peor enfermedad que existe” decía Arly. Rosenda nunca perdió el
apetito, nunca dejó de mirar y antojarse de lo que los demás pacientes comían a
su alrededor. Un dolor indescriptible para sus hijos que estaban presentes en
su agonía.
Su
nieta, pedía a Dios para que este le quite la consciencia a Rosenda, para que
le quite el apetito, ya que consideraba que era mayor el sufrimiento si está en
plena conciencia de todo lo que te está pasando.
Al
pasar las semanas se hizo una junta médica y se decidió hacerle una gastrectomía
(ingresarle la comida directamente por el estómago). Muchas veces Arly se preguntó
¿Que sentirá al ver su estómago perforado, si ella nunca antes ha estado en un
hospital? ¿Realmente se debe llamar a eso calidad de vida? Hasta ahora no le ha
hallado respuesta a esa pregunta.
Muchas
noches, Arly se quedó a dormir con ella y muchas no, a pesar de que mamá
Rosenda se lo pedía. Pues las distintas ocupaciones que tenía no se lo
permitían. Algo que hasta el día de hoy la mortifica.
“¿Quieres
que te haga una pollera? Vamos a ir en Octubre a la sierra para bautizarte” Son
palabras que Arly recuerda a cada momento, pues en Octubre fueron a Ancash, la
tierra natal de la señora Rosenda. Se cumplió lo que mamá Lushi decía. Arly
acompañó a su abuela en su último recorrido, pues su deseo fue regresar a su pueblo.
El 7
de Octubre falleció, y Arly dejó todo, su trabajo, sus estudios, porque sentía
que le debía las compañías que ella tanto rogaba. Nunca podrá perdonarse
aquella noche que la dejó a pesar de que se lo pidió. “Si tan solo hubiera
compartido un poco más con ella” lloraba sin consuelo su nieta.
Arly
nunca antes había pasado un duelo, nunca antes había sentido la muerte tan
cerca, nunca antes había visto apagarse como la vida se apaga.
Hoy, 18 días después,
es un tema que la atormenta, un tema al que cree que no encontrará consuelo, un
tema que está afectando su vida diaria, pues no se siente con las fuerzas suficientes para seguir con sus responsabilidades.
Pues no entiende como la muerte puede acabar con tantas cosas y lo peor como
alguien muere, una familia sufre y el mundo sigue avanzando, los trabajos, las
tareas, los quehaceres, todo sigue, nadie entiende tu sufrimiento si no es parte
de tu familia, nadie para y te acompaña. Nada se detiene cuando alguien muere.